A los hijos se los instruye, para que no se aparten del camino que deseamos para ellos. Y si es necesario, se los corrige, con la vara de la corrección. Este mandato que vino de puño y letra de Salomón no necesita interpretación alguna. A los hijos hay que corregirlos y si es necesario, habrá que usar la vara. Lo dice la biblia y punto.

El mundo de hoy, ha villanizado erróneamente el mandato de disciplinar a los hijos. Tomando como una triste referencia a quienes movidos por la maldad y sus impulsos, atentaron contra la integridad fisica de sus hijos. Y en nombre de la disciplina golpearon, maltrataron y abusaron de aquellos que estaban supuestos a proteger. A ellos, si habrá que llevarlos delante de la justicia y que pagen por sus actos.

Pero el resto de nosotros, no debemos comprar la mentira que nos han vendido los psicólogos y expertos de nuestra era, afirmando que causamos traumas a nuestros hijos cuando usamos la vara para corregirlos. Por que quienes fuimos criados a la antigua (me refiero a los de 30 años en adelante), podemos testificar que ninguna de las formas de castigo que se nos aplicó,representó algún “trauma”. Al contrario, la mayoria  puede reconocer, que lo bueno en nosotros fue forjado justamente por la disciplina. Para algunos fue la vara, la regla,para otros la correa y para los menos afortunados, fue una chancleta. Sea como fuera, nos enderezaron.

Padres de familia, no tengan ningún temor en corregir y disciplinar a sus hijos, cuando se necesite. Es su deber. Porque quien ama, disciplina. Y nadie debe disculparse, ni esconderse por cumplir un mandato que traerá fruto de vida. Se lo agradecerán sus hijos y el mundo también.